#23Escalones: pequeño panorama de la música argentina.

Por Lean Bukka White10632747_10204992903691030_5142673092475691401_n

La comunidad de la Universidad de Tres de Febrero pudo presenciar, este último sábado, la tercera edición de este año del Festival #23 Escalones, organizado por el Centro Universitario de Cultura y Artes (CUCA), en la sede Caseros II, perteneciente a la misma UNTREF.

Desconociendo los criterios de selección de bandas (salvo la presencia de al menos un estudiante de la UNTREF), el evento sirvió para sintetizar de qué trata el joven panorama musical argentino de Capital Federal y alrededores que reman para salir a la superficie presencial.

El que puso primera en esta fecha fue Lucio Alonso. “Me iba a presentar, pero… ¿Qué importa quién soy?” dice en una anormal presentación. Él y su guitarra acústica se encargaron de dibujar los primeros acordes para un set netamente unipersonal. Humanidad, letras introspectivas, ojos cerrados y una voz suave completan a este chico que ya sacó un disco solista (Lucio Alonso, 2009). Más allá de que varias canciones están en la misma tonalidad, se nota que lo esencial para brillar con luz propia lo tiene, ojalá no lo pierda.

A continuación, una de las bandas con más ruta recorrida: Amigoácidos. La banda liderada por Javier Ruso y Agustín Leguizamón se presentó con claras intenciones de divertirse y hacer divertir. Tarea para nada sencilla: la muerte de Gustavo Cerati aun rondaba en el ambiente (sonó Soda Stereo durante todas las tandas) y oyentes escasos a veces puede ser el público más difícil de satisfacer. No obstante, los muchachos llenaron su presentación con varios y diversos covers: Man in the Mirror, Human Nature (Michael Jackson); y A Starosta, el idiota¸ en una suerte de doble homenaje Spinetta-Cerati. Sorprende la cantidad de covers si se considera que los chicos ya tienen un disco propio editado. Pero la lista de temas va a elección de cada uno y de nada sirve juzgar qué se tocó, porque al fin y al cabo estuvo muy bien tocado, y los miembros restantes de la banda (Rodrigo Leguizamón, Facundo Silvente) se complementaron muy bien a medida que fueron entrando.

Pero para los que querían Rock de verdad, llegó Pupa. Nunca es bueno acostumbrarse a las bandas que buscan incansable ese riff legendario que las consagre, pero tampoco está de más escucharlas. Led Zeppelin dejó más de un hijo, y este es uno de ellos. También con una placa bajo el brazo, Lunaria (2014), los muchachos salieron con ganas de comerse la cancha. Tienen con qué: un muy buen baterista y una cantante con algo que el Rock reclama hace rato: actitud. Si a su muy buena voz le suma movimiento, se cierra un combo hermoso. Sus compañeros ya saben lo que hacer: más allá de alguna cuerda desafinada, la banda sabe dónde está parada y por lo visto, van por más. Hay ritmo, hay argumentos, y hay lecturas también (Descartes, Ingenieros).

Y para terminar la parabólica variante, cayó otro grupo con todos los ritmos: Ekatombe. Ocho integrantes en escena para llevar adelante una performance con claras interpretaciones festivas y ganas de bailar. Rock, cumbia, candombe, murga, en todo parece querer meterse esta banda que está cerca de grabar su primer disco. Luego de un set lleno de composiciones propias, cerraron con un mix de El León + El cantante (Los Fabulosos Cadillacs + Marc Anthony, en otras palabras) y darle punto final a su fiesta.

De esta forma, culminó otra edición del 23 escalones, tan alocada como variada, pero si se quiere ir a la vanguardia de un movimiento, no hay más que probar. Y se probó que el universo musical hoy presente puede manifestarse en algo tan chiquito como un festival, pero en algo tan grande como la Universidad, también.

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